Querida amiga:
Te contaré que en este último año la vida no fue nada fácil. El pasado fue un año de cambios y sorpresas. Tuve que vivir momentos de violencia y robos. En lo laboral, injusticias a cargo de las altas autoridades por no respetar mi trabajo y mis estudios, cambio de centro de labores, adaptarme a una realidad, en la que me tocó desempeñar un rol completamente diferente a lo programado, haciendo caso nulo a mis necesidades e intereses, por cumplir un horario y una función sumamente estresantes y agotadores, a sabiendas que debía estar en un puesto estable, según la ley. A conocer y compartir con otras personas y ser partícipe de un clima laboral, en el que priman el autoritarismo, la hipocresía y la competitividad. A resignarme a perder a mis vecinos, por muerte natural y por mudanzas, para dar paso a otros nuevos que alteran las buenas relaciones comunales y la tranquilidad en el hogar. Y, en el ámbito familiar, ser testigo de problemas de salud de familiares cercanos míos, incluso mi propio padre, que por poco pierde la vida a consecuencia de un infarto. Para terminar el año, un mal entendido originó una serie de especulaciones y rupturas de relaciones en el ámbito familiar, lo que nos llevó a reflexionar sobre la esencia de la familia y de la Navidad. A pesar de las adversidades y de los intensos cambios, hubieron buenos momentos: ofertas laborales, la oportunidad de trabajar fuera de la ciudad y de compartir mis conocimientos con otros colegas, nuevas experiencias en otras ramas laborales, el cariño de mis alumnos y las relaciones cordiales con los compañeros de trabajo; en otros aspectos, mayor diálogo entre la familia, momentos de recreación, de confraternidad, oportunidad de reencontrarme con viejos y buenos amigos, aprender de otras culturas y de la conservación del ambiente.. Ahora entiendo que las cosas pueden mejorar, pero lo más importante es vivir en armonía, tener fé y luchar en el cambio y adaptarse a las circunstancias.
Sé que estás pasando por un momento difícil: la muerte de tu tío, la partida de tu novio hacia tierras lejanas, incluso la misma partida de tu ciudad, lejos de los tuyos. Pocas oportunidades en lo laboral y, sin embargo, la búsqueda de un ser interno y el autoconocimiento pleno, nuevas experiencias de trabajo y de viaje y la valoración de las tradiciones, de las raíces familiares, entre otros.
Amiga, te noto callada y ausente, no eres la misma de antes. En tu tono de voz, en tus mensajes, una verdad se esconde: y es que sufres por amor.Ahora que te sientes en paz contigo misma, que disfrutas del cariño de tus seres queridos y amigos, que vives tan arraigada a tu tierra y sus costumbres, tu me preguntas qué debes hacer. ¿Vale la pena arriesgarse por esa relación? ¿pasar horas en vela y aferrarse a un sentimiento que se vive a distancia? ¿creer en las promesas de una vida en común, a largo plazo? ¿cuánto más debes esperar?
Y es que tú y yo somos parecidas, en esencia, pero distintas en la realidad. A lo mejor si te expongo mi caso, podrías entender mi pensamiento. El pasado año fui objetos de miradas, amigos que buscaron a cortejarme para llegar a algo serio. Luego concreté citas con dos hombres bien parecidos, pero nunca se llevaron a cabo. No es que estuviera interesada en tener algo serio con ellos, pero una buena amistad siempre lleva a algo, ¿no lo crees?. ¿Y que decir del chico que verdaderamente me mueve el piso? Es un amor a distancia, que aún habita en mi corazón y que se alejó a causa de un malentendido. ¿por qué, no me lo explico? todo andaba bien, había mucha química entre nosotros, solíamos charlar largas horas, a pesar que en esas épocas fueron de intenso trabajo y programaciones, es algo que dejaba en un segundo plano para pasar más tiempo con él. Fueron dos las ocasiones en las que nos citamos para charlar, esperé un buen tiempo y nunca apareció. Y cuando reapareció, se disculpó, haciendo que las cosas siguieran su rumbo normal. Pero un día tuve que salir con mi amiga, estaba ya algo retrasada con ella y en eso apareció y no logró comprender que lo que le decía era la verdad, aunque me disculpé por no poder brindarle el tiempo necesario, lo tomó como una falta de atención hacia su persona; ¿Por qué los hombres quieren el todo o nada? ¿Es que cada uno no tiene derecho a un espacio propio? ¿Por qué no creer que iba a volver, habiendo sido yo la que esperó en dos oportunidades, sin pedir explicaciones? Ahora pienso que la confianza depositada nunca fue a la par. Y luego ya nada fue igual: los recados, los mensajes sin respuesta… sé que di mucho de mí para que todo funcionara y que fui muy mal pagada por algo que creo yo, no es justo. ¿Y sabes lo que es peor? Que la vida me da otras oportunidades de ser feliz, de poder empezar de cero y me niego a hacerlo, porque sé que como él no hay nadie igual. Podré disfrutar de la compañía de otros, podré demostrar mi cariño y mi amor a mis amigos, pero jamás entregar el corazón. Y de hacerlo sería una traición contra mí misma, una falacia que tarde o temprano dejarían mi vida vacía.
Sé que también es tu caso, amiga mía. Sé que tú estás disfrutando de tu tiempo con tus amigos y conoces a nuevas personas que podrían brindarte todo el cariño que necesitas, pero también sufres en silencio y te aferras a un amor que, a pesar de las imperfecciones, de los desencantos, de la intervención de terceros, se mantuvo a la distancia. Luego tú te preguntas si él está dispuesto a arriesgarlo todo por ti, como lo hiciste una vez y si vale la pena darle una oportunidad. Y es que tú fuiste más luchadora y persistente, abandonaste tu tierra y a los tuyos, para ir tras de él, dejaste de lado tu vida y tus intereses, incluso tus compromisos con la familia y los amigos, para vivirlos con él. Diste mucho de tu tiempo, privándote de salidas con tus seres queridos y amistades, aceptaste pasar días de abandono, para que tu pareja se dedicara a sus hijos, incluso las situaciones incómodas con la familia de él. Y ahora que vives tu vida y que vas logrando ascensos a nivel profesional, que te sientes rodeada de todos los tuyos, que vives tranquila y disfrutas de tu tiempo, sientes que algo te falta, que te falta él, que no habrán hombres que siquiera se le comparen por como es y cómo te hace sentir. En pocas palabras, te sientes arrastrada a seguir su camino.
Déjame darte un consejo: el amor es libertad. Hay que saber amar, para ser libres. Aunque suene paradójico, dos almas pueden compartir un solo sentimiento, pero depende de cada uno el seguir creciendo, interactuar con otros, aprender de otras personas, para ser seres mejores y demostrar al ser amado que somos capaces de dar todo de sí por él… ¡es ahí donde radica la libertad y el amor verdadero!
Amiga, sé que todo esto te tiene muy confundida y no te deja vivir plenamente. Es hora de que tomes las riendas en tu relación y que hagas prevalecer tus intereses, porque tú, como ser humano, eres muy valioso e importante. Dale tiempo al tiempo y piensa también en ti, que ÉL se encargará del resto. Al final, el amor divino triunfará y prmanecerá en tu corazón, habiendo valido la pena todo esfuerzo dedicado.
Te quiero mucho.